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Agosto 30 de 2019. La secretaria de la Comisión Interamericana de Mujeres, Alejandra Mora, habla de lo que para ella son las trampas para que más mujeres accedan a lo público. Las listas trenzadas, la falta de financiación y las tareas del cuidado son algunos de los impedimentos.

Alejandra Mora Mora, secretaria de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), una de las entidades más antiguas de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha dedicado su vida laboral a reivindicar la presencia de la mujer en lo público.

Para ella, las leyes no bastan, por lo que la ciudadanía, el gobierno y los partidos políticos se deben comprometer a trabajar en acciones afirmativas que permitan la llegada femenina a los espacios de representación porque, de lo contrario, dice, tardarían años para ver esos cambios.

Usted lleva treinta años trabajando por los derechos de las mujeres. Después de tanto tiempo, ¿qué es lo que le preocupa más en cuanto a esa lucha?

Quisiera empezar por lo positivo y es que sí me alegra que la vida de nosotras, la tuya tan joven, sea distinta a la de tu abuelito; es decir, una ve un cambio cultural en las posiciones que las mujeres vamos alcanzando y hay cambios en la percepción de la violencia. Por ejemplo, hace treinta años las mujeres me describían algo y me preguntaban si eso era violencia. En la participación política, con todos los bemoles que tiene, donde seguimos subrepresentadas, hemos alcanzado puestos.

¿Y lo negativo?

Por supuesto que las debilidades persisten. Y ahora hay un elemento particular que tiene una profunda preocupación y es que cuanto más avanzamos las mujeres, más resistencia se genera. Y esa resistencia no es solo verbal, ni de cerrar puertas, tampoco de violencia. Hay algunas manifestaciones que intentan disuadirnos de estar en los espacios de representación, de estar tomando decisiones, de que desistamos de nuestra voluntad, de querer migrar al mundo de lo público, cuando la asignación histórica era estar en el mundo de lo privado. Así que la preocupación es la forma como se han aumentado y exacerbado los mecanismos de resistencia para que no tengamos lo que nos pertenece y ese acceso a los derechos en igualdad.

¿Esos mecanismos de resistencia se podrían decir que son las leyes que se quedan en el papel? Por ejemplo, la Ley de Cuotas no se cumple…

La ley no basta. Hecha la ley, hecha la trampa. Los mecanismos como la cuota o la paridad de los países que ya han alcanzado ese concepto maravilloso, que representa tal como la sociedad está compuesta, qué es cincuenta y cincuenta, deben tener estrategias de implementación. Es decir, por más de que sea un derecho, las estrategias son las que las llevan a la realidad. Para el caso de la Ley de Cuotas, la estrategia que hemos ideado son las listas trenzadas —hombre, mujer, hombre, mujer—, pero resulta que hay otra táctica y es el encabezamiento.

¿A qué se refiere con lo del encabezamiento?

Si las mujeres no encabezamos las listas, con esta variedad de heterogeneidad de partidos políticos, como está ahora Colombia, que son 16, nunca vamos a llegar a ser electas. Imagínate lo que es pelear por un puesto con tantos movimientos, solo llega el primero. A esto hemos llamado paridad horizontal. Eso significa que una mujer tiene que encabezar una región y esa se tiene que ver en relación con el otro departamento que está a la par.

En Colombia no pasa este escenario, ¿eso qué significa?

En caso de no utilizar este mecanismo, se estaría cayendo en una trampa, en la que hacen entender que el derecho de participación política de las mujeres es estar en las listas, cuando, de verdad, es estar en los puestos de poder. Es un tema de resultados, no de procesos.

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