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Agosto 15 de 2019. Esta comunidad del Cauca encontró en la economía solidaria el modelo para salir adelante y volver a comenzar de ceros una vida digna y con expectativas prometedoras para sus 80 niños-

Tomado de orgsolidaras.gov.co

El 6 de junio de 1995 fue una fecha que quedó marcada en la memoria de miles de  indígenas de la comunidad nasa chjamb, víctimas del segundo terremoto más trágico en la historia de Colombia, causante de una avalancha en el río Páez en la que murieron alrededor de 1.200 habitantes de 15 municipios en Cauca y Huila. Los sobrevivientes, además de perder familiares y amigos, se quedaron sin tierra y sin hogar.

Esta tragedia, sumada al conflicto armado que se vivía en esa época por la influencia de la guerrilla de las Farc, que dominaba estas tierras productoras de cultivos ilícitos, obligó el desplazamiento de 50 familias del pueblo nasa que, además, por no haber querido reclamar sus derechos por las vías de hecho, fueron expulsados por su propia comunidad.

Sin poder ocultar la tristeza en sus ojos, Marco Tulio Cuspián, líder y representante de la asociación nasa, relata lo difícil que fueron esos tiempos, en los que la indiferencia y la humillación se convirtieron en los protagonistas de sus historias de vida:  “Los primeros años, a nosotros nos tocó bajar a Santander de Quilichao y salir a Piendamó a pedir comida, pero nos daba una vergüenza inmensa que vieran a un indígena pidiendo comida, eso era muy terrible”.

En el año 2013, luego de haberse asentado en cambuches improvisados en los que más de 180 personas luchaban por sobrevivir, una familia cristiana que conoció su historia les donó un terreno baldío de cinco hectáreas de extensión en el municipio de Piendamó, Cauca, en el que con sus propias manos levantaron el barrio Villa Mercedes, un lugar organizado con 50 unidades residenciales, un salón comunal, un parque para el esparcimiento de los más pequeños, un colegio agropecuario y un espacio productivo que es aprovechado de tal manera, que a la fecha, producen semestralmente 26 toneladas de comida.

“Ha habido un cambio grande porque en los resguardos no se ve esto, acá debemos culturizarnos para que a la gente indígena, a los nasas del Cauca nos miren como gente trabajadora, que es lo que estamos haciendo, trabajando. Ha sido muy duro,  pero nos hemos levantado gracias a los campesinos de acá de Piendamó y a la gente que nos acogió y nos dio trabajo para subsistir estos último doce años”, indicó Cuspián.

Cuando este pueblo decidió comenzar a trabajar bajo el modelo asociativo, la Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias inició un proceso de acompañamiento y fortalecimiento para esta organización pujante y trabajadora, por lo que actualmente reciben talleres orientados al manejo  administrativo de  su emprendimiento.

Ananías Cuetumbo, líder indígena, cuenta que “la gente que viene a visitarnos dice que estamos bien preparados para todo, para trabajar y nos dice que somos indígenas diferentes a los demás, pero eso es porque nosotros ya cambiamos de mentalidad y queremos trabajar bien porque nada ganamos pidiendo todo al Estado, a nosotros nos conviene es trabajar y sacar adelante nuestro producto, en eso estamos, luchando para el futuro”.

Para la Unidad Administrativa es gratificante conocer historias como esta, en las que un colectivo, a pesar de haber cargado con el lastre de la violencia,  encontró en la economía solidaria un modelo organizado que les permitió comenzar de ceros una vida digna y con expectativas de negocio prometedoras que cambiarán el  futuro de los cerca de 80 niños, que con seguridad serán replicadores del mensaje asociativo solidario.

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